Daniel 4

1. Nabucodonosor el rey, a todos -los- pueblo-s- naciones y lenguas, que moran en toda la tierra; –Que la- paz se os multiplique.
2. Me pareció bien dar a conocer las señales y maravillas que el Dios excelso ha forjado para mi.
3. ¡Qué grandes -son- sus señales! ¡Y qué poderosas sus maravillas! Su reino -es- uno eterno, y su dominio -uno que continúa- de generación en generación.
4. +Yo Nabucodonosor estaba descansando en mi casa, y relajándo-me- en mi palacio;
5. Vi -en- un sueño -algo- que me amedrentó, y los pensamientos en mi cama y las visiones en mi cabeza me atribularon.
6. Por ello decreté traer a todos los -hombres- sabios de Babilonia delante mío, para que pudieran hacerme saber la interpretación del sueño.
7. Entonces llegaron los magos, los astrólogos, los Caldeos y los adivinos, y conté el sueño delante de ellos, pero no me hicieron saber la interpretación de este.
8. Sin embargo Daniel vino ante mi, cuyo nombre es Beltesasar, de acuerdo al nombre de mi dios, y en quien -habita- el espíritu de los santos dioses, y le conté el sueño, -diciendo-,
9. Oh Beltesasar, maestro de los magos, como sé que el espíritu de los santos dioses -está- en ti, y -que- ningún secreto te atribula, cuéntame -acerca de- las visiones que he visto en mi sueño, y de su interpretación.
10. Estas -fueron- las visiones en mi cabeza: Ví, y he aquí un árbol en medio de la tierra, y su altura -era- magnífica.
11. El árbol creció, y se volvió fuerte, su altura alcanzó los cielos, y su vista los confines de la tierra entera;
12. Sus hojas -eran- hermosas, y mucho -era- su fruto, y -había- comida para todos; las bestias del campo tenían sombra debajo de él, las aves del cielo moraban en sus grandes ramas, y todo -ser de- carne se alimentaba de él.
13. Veía las visiones en mi cabeza -estando- en la cama, y he aquí que un vigilante, un santo llegó del cielo,
14. -Y- clamó a plena voz, diciendo lo siguiente, Talen el árbol, corten sus ramas, sacudan sus hojas, esparzan su fruto; que las bestias se retiren de su abrigo, y las aves de sus ramas;
15. No obstante dejen el tocón de sus raíces en la tierra, incluso -atado- a una banda de hierro y de bronce, en el tierno pasto del campo, que se moje con el rocío del cielo, y su parte -esté- con las bestias, en el pasto de la tierra;
16. Que se le cambie su corazón de hombre, se le de un corazón de bestia, y siete tiempos pasen sobre él.
17. Este asunto -está resuelto- por decreto de los vigilantes, y la demanda -traida- por palabra de los santos, con la intención de que los -seres- vivos puedan saber que el Altísimo gobierna en el reino de los hombres, lo da a quien él quiere, y sobre él coloca a lo más bajo de los hombres.
18. Este sueño lo -tuve- yo el rey Nabucodonosor. Ahora pues, o Beltesasar, declara su interpretación, ya que todos los sabios de mi reino no son capaces de hacérmela saber; pero tú puedes -hacerlo-, porque el espíritu de los santos dioses -está- en ti.
19. + Entonces Daniel, cuyo nombre -era- Beltesasar, se quedó atónito durante una hora, atribulado por sus pensamientos. El rey habló, y dijo, Beltesasar, que no te atribulen el sueño o su interpretación. Beltesasar respondió diciendo, Mi señor, -que- el sueño -sea- para los que te odien, y su interpretación para tus enemigos.
20. El árbol que viste, el cual creció, se hizo fuerte, su altura alcanzó al cielo, y su vista toda la tierra;
21. Sus hojas -eran- hermosas, mucho -era- su fruto, y en él -había- comida para todos; debajo de él moraban las bestias del campo, y en sus ramas las aves del cielo hacían su habitación;
22. Este -eres- tú oh rey, quien has crecido y te has vuelto fuerte, porque tu grandeza ha aumentado, y alcanzado al cielo, y tu dominio -ha llegado- hasta el confín de la tierra.
23. Y así como el rey vió a un vigilante y santo bajar del cielo, y decir, Talen el árbol y destrúyanlo; sin embargo dejen el tocón y sus raíces en la tierra, incluso con una banda de hierro y -de- bronce, en el tierno pasto del campo, y que se moje con el rocío del cielo, y que su parte -sea- con las bestias del campo, hasta que siete tiempos pasen sobre él;
24. Esta -es- la interpretación, oh rey, y este -es- el decreto del Altísimo, que ha llegado sobre mi señor el rey:
25. Que te retiren de los hombres, y tu morada sea con las bestias del campo, y te hagan comer pasto como los bueyes, te mojen con el rocío del cielo, y siete tiempos pasen sobre ti, hasta que sepas que el Altísimo gobierna en el reino de los hombres, y se lo da a quien él quiere.
26. Y así como mandaron dejar el tocón de las raíces del árbol, tu reino te será asegurado, después de que hayas sabido que los cielos gobiernan.
27. Por tanto, oh rey, que mi consejo te sea aceptable, despréndete de tus pecados por medio de la justicia, y -también- de tus iniquidades manifestándole misericordia a los pobres, si -es que- hay extensión para tu tranquilidad.
28. + Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor.
29. Al finalizar doce meses él caminaba por el palacio del reino de Babilonia.
30. -De pronto- el rey habló, y dijo, ¿No es esta la gran Babilonia, que he construido como la casa del reino por la grandeza de mi poder, y para el honor de mi majestad?
31. Mientras la palabra -todavía estaba- en la boca del rey, sobrevino una voz del cielo, -que dijo-, Oh rey Nabucodonosor, a ti se te habla: El reino es apartado de ti.
32. Te retirarán de los hombres, y tu morada -estará- con las bestias del campo; te harán comer hierba como los bueyes, y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que sepas que el Altísimo gobierna en el reino de los hombres, y se lo da a quien él quiere.
33. -Aquella- misma hora se cumplió el asunto sobre Nabucodonosor, fue retirado de los hombres, comió hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojó con el rocío del cielo, hasta que sus cabellos crecieron como -plumas- de águila, y sus uñas como -garras- de pájaro.
34. Y al final de los días -predichos- yo Nabucodonosor levanté mis ojos al cielo, y el entendimiento me -fue- devuelto, bendije al Altisimo, lo alabé y honré al que vive para siempre, cuyo dominio -es- uno perdurable, y su reino -uno que continúa- de generación en generación;
35. Todos los habitantes de la tierra -delante de él son- reputados como nada, y el hace conforme a su voluntad en el ejército del cielo, y -entre- los habitantes de la tierra; y nadie puede detener su mano, o decirle, ¿Qué -es lo que- haces?
36. Al mismo tiempo la razón me -fue- devuelta, y el honor y la claridad me -fueron- devueltos para la gloria de mi reino; mis consejeros y señores me buscaron, fui establecido en mi reino, y una excelsa majestad me fue añadida.
37. Ahora pues yo Nabucodonosor alabo, exalto y honro al Rey del cielo, cuyas obras todas -son- verdad, sus caminos -son- juicio, y él es capaz de abatir a aquellos que anden con orgullo.

Daniel 3

1. Nabucodonosor el rey hizo una imagen de oro, con una altura de sesenta codos, -y- una anchura de seis codos, -y- la colocó en la planicie de Dura, en la provincia de Babilonia.
2. Nabucodonosor el rey envió entonces a reunir a los príncipes, a los gobernadores, a los capitanes, a los jueces, a los tesoreros, a los consejeros, a los alguaciles, y a todos los regentes de las provincias, para que vinieran a la dedicación de la imagen que Nabucodonosor el rey había erigido.
3. Entonces los príncipes, los gobernadores, los capitanes, los jueces, los tesoreros, los consejeros, los alguaciles, y todos los regentes de las provincias fueron reunidos para la dedicación de la imagen que Nabucodonosor el rey había erigido, y se pararon delante de la imagen que Nabcodonosor había erigido.
4. Entonces un heraldo clamó en voz alta, A vosotros se os ordena, oh gentes, naciones y lenguas,
5. -Que- en el momento que oigáis el sonido de la trompeta, de la flauta, del arpa, del sacabuche, del salterio, -y- del dulcémele, junto con toda clase de música, os postréis a adorar a la imagen de oro que Nabucodonosor el rey ha erigido.
6. Y quien no se postre a adorarla, en esa misma hora será lanzado -y dejado- en medio de un fogoso y ardiente horno.
7. Por eso en el momento que toda las gente oyó el sonido de la corneta, de la flauta, del arpa, del sacabuche, -y- del salterio, junto con toda clase de música, todos -ellos de diferentes- naciones, e idiomas, se postraron -y- adoraron a la imagen de oro que Nabucodonosor el rey había erigido.
8. +Por ello -mismo- en ese momento ciertos Caldeos se acercaron y acusaron a los Judíos.
9. Hablaron y le dijeron al rey Nabucodonosor, Oh, larga vida al rey.
10. Tú, oh rey, habéis hecho un decreto, de que todo hombre que oiga el sonido de la corneta, la flauta, el arpa, el sacabuche, el salterio, -y- el dulcémele, junto con toda clase de música, se postrará y adorará a la imagen de oro;
11. Y quien no se postre a adorarla, -aquel- debe ser lanzado -y dejado- en medio de un fogoso y ardiente horno.
12. Ciertos Judíos hay a quienes has colocado a cargo de los asuntos de la provincia de Babilonia, Sadrac, Mesac y Abednego; estos hombres, oh rey, no se han interesado en ti; ellos no le sirven a tus dioses, ni adoran a la imagen de oro que has puesto.
13. +Nabucodonosor entonces en -su- ira y furor mandó traer a a Sadrac, Mesac y Abednego. Ellos entonces trajeron a estos hombres delante del rey.
14. Nabucodonosor habló y les dijo, ¿-Es- verdad oh Sadrac, Mesac y Abednego, que no les servís a mis dioses, ni adoráis a la imagen de oro que he puesto?
15. Ahora pues, si estáis listos para que en el momento en el que oigáis el sonido de la corneta, la flauta, el arpa, el sacabuche, el salterio, -y- el dulcémele, junto con toda clase de música, -y- os postraís y adoráis la imagen que he hecho, -muy bien-; pero si no -la- adoráis, seréis lanzados esa misma hora -y dejados- en medio de un fogoso y ardiente horno; ¿y quién -es- ese Dios que os librará de mi mano?
16. Sadrac, Mesac y Abednego respondieron y dijeron al rey, Oh Nabucodonosor, no nos preocupa responderte acerca de este asunto.
17. Si -así- sucede, nuestro Dios a quien servimos es capaz de librarnos del fogoso y ardiente horno, y de tu mano -nos- librará, oh rey.
18. Y si no, -que- sea conocido por ti, oh rey, que no le serviremos a tus dioses, ni adoraremos a la imagen de oro que tú has erigido.
19. +Entonces Nabucodonosor se llenó de furia, y la forma de su expresión se cambió en contra de Sadrac, Mesac y Abednego; por tanto habló, y mandó que calentaran aquel horno siete veces más de lo que estaba acostumbrado a calentarse.
20. Y mandó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abednego, -y los- lanzaran dentro del fogoso y ardiente horno.
21. Fueron entonces estos hombres atados con sus abrigos, medias, sombreros y -demás- prendas, y lanzados -y dejados- en medio del fogoso y ardiente horno.
22. Por ello, debido a que la orden del rey era urgente, y el horno exageradamente caliente, las llamas del fuego mataron a aquellos hombres que llevaron a Sadrac, Mesac y Abednego.
23. Y estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abednego, cayeron atados en medio del fogoso y ardiente horno.
24. Entonces Nabucodonosor el rey se quedó atónito, se levantó de prisa, habló y le dijo a sus consejeros, ¿No lanzamos a tres hombres amarrados a la mitad del fuego? Ellos respondieron y le dijeron al rey, -Es- cierto, oh rey.
25. Él respondió y dijo, Mirad que veo a cuatro hombres libres, caminando en medio del fuego, sin daño -alguno-, y la forma del cuarto es como -la- del Hijo de Dios.
26. +Entonces Nabucodonosor se acercó a la boca del fogoso y ardiente horno, -y- habló y dijo, Sadrac, Mesac y Abednego, vosotros siervos del Dios altísimo, salid, y venid -acá-. Entonces Sadrac, Mesac y Abednego salieron de en medio del fuego.
27. Y los príncipes, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey habiéndose reunido juntos, vieron a estos hombres sobre cuyos cuerpos el fuego no -había- tenido poder, ni un cabello de sus cabezas se había chamuscado, tampoco -ninguno- de sus abrigos había cambiado, ni el olor a fuego había pasado sobre ellos.
28. -Entonces- Nabucodonosor habló, y dijo, Bendito -sea- el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, quien ha enviado a su ángel, y librado a sus siervos que confiaron en él, y han cambiado la palabra del rey, y sometido sus cuerpos, para no servir ni adorar a ningún dios, excepto al Dios suyo.
29. Por tanto hago un decreto, que cualquier gente, nación y lengua que hablen alguna cosa mala en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, serán cortados en pedazos, y sus casas serán convertidas en pilas de desechos, porque no hay otro Dios que pueda librar de esta manera.
30. Entonces el rey promovió a Sadrac, Mesac y Abednego, en la provincia de Babilonia.

Daniel 2

1. Y en el segundo año del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo -unos- sueños, donde su espíritu se turbaba, y se interrumpía su dormir.
2. Mandó entonces llamar el rey a los magos, astrólogos, adivinos y Caldeos para que le descubrieran los sueños de él, y así vinieron y se pararon delante del rey.
3. Y el rey les dijo, Tuve un sueño, y mi espíritu se atribuló al conocerlo.
4. Entonces los Caldeos le hablaron al rey en Siríaco, Oh rey, vive por siempre, cuéntale a tus siervos el sueño, y te daremos a conocer la interpretación.
5. El rey respondió y -le- dijo a los Caldeos, El asunto se me fué; si no me hacéis saber el sueño, con su interpretación, seréis cortados en pedazos, y vestras casas serán hechas muladares.
6. Pero si compartís el sueño, y su interpretación, recibiréis de mi -parte- regalos, recompensas y gran honor; indicadme por tanto el sueño, y su interpretación.
7. De nuevo respondieron y dijeron, Que el rey cuente a sus siervos el sueño, y nosotros daremos a conocer su interpretación.
8. El rey respondió y dijo, conozco con certeza que deseáis ganar tiempo, porque véis que el asunto se ha ido de mí.
9. Pero si no me hacéis saber el sueño, un decreto os -aguarda-, ya que habéis preparado para hablar delante mío palabras mentiosas y corruptas, hasta que los tiempos cambien; contadme por tanto el sueño, y sabré que podéis descubrirme su interpretación.
10. + Los Caldeos respondieron delante del rey, y dijeron, No hay hombre sobre la tierra que pueda descubrir el asunto del rey, por eso ningún rey, señor o gobernante -ha- pedido -alguna vez- tal cosa a algún mago, astrólogo o Caldeo.
11. Lo que el rey solicita -es- algo raro, y no hay nadie que pueda descubrirlo ante el rey, excepto los dioses, cuya morada no está en la carne.
12. A causa de esto el rey se enojó y se enfureció grandemente, y mandó destruir a todos los sabios de Babilonia.
13. Y salió el decreto que los sabios debían ser muertos, y buscaron a Daniel y a sus compañeros para ser ejecutados.
14. + Entonces Daniel respondió con consejo y sabiduría a Aríoco el capitán de la guardia del rey, que habia ido a matar a los sabios de Babilonia;
15. Él respondió diciéndole a Aríoco el capitán del rey, ¿Por qué -es tan- apresurado el decreto de rey? Aríoco entonces le hizo conocer el asunto a Daniel.
16 Luego Daniel entró -al palacio- y suplicó al rey que le diera tiempo, y que él -le- descubriría al rey la interpretación.
17. Daniel entonces se fue a su casa e hizo saber el asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros,
18. Para que le suplicaran misericordia al Dios del cielo referente a este secreto, con el fin de que Daniel y sus compañeros no fueran a perecer con el resto de los sabios de Babilonia.
19. + Entonces el secreto -le- fue revelado a Daniel en una visión -en la- noche. Luego Daniel bendijo al Dios del cielo,
20. Respondiendo y diciendo, Bendito sea el nombre de Dios para siempre jamás, porque la sabiduría y el poder son suyos,
21. Él cambia los tiempos y las ocasiones, remueve y coloca reyes, le da sabiduría a los sabios, y conocimiento a los que poseen entendimiento.
22. Él revela los asuntos profundos y secretos, conoce -lo- que -hay- en la oscuridad, y con él habita la luz.
23. Te agradezco, y te alabo a tí Oh Dios de mis padres, -por- haberme dado sabiduría y poder, y haberme hecho saber ahora lo que te habíamos suplicado, pues nos hiciste saber el asunto del rey.
24. + Por tanto Daniel llegó hasta donde Aríoco, a quien el rey había ordenado destruir a los sabios de Babilonia; llegó y le dijo así, No destruyas a los sabios de Babilonia, llévame delante del rey, y le mostraré la interpretación.
25. Entonces Aríoco lo trajo apresuradamente delante del rey, y le dijo de esta manera, He encontrado a un hombre de los cautivos de Judá que le hará saber al rey la interpretación.
26. El rey respondió diciéndole a Daniel, de nombre Beltsasar, ¿Eres capaz de hacerme saber el sueño que vi, y su interpretación?
27. Daniel respondió en la presencia del rey diciendo, El secreto que el rey ha exigido, los sabios, astrólogos, magos -y- adivinos no -se lo- pueden descubrir al rey,
28. Pero hay un Dios en el cielo que revela secretos, y hace saber al rey Nabucodonosor lo que habrá en los útimos días. Tu sueño, y las visiones de tu cabeza -que tuviste estando- en tu cama, son estas:
29. En cuanto a ti, Oh rey, te vinieron pensamientos -estando- en tu cama, -de- qué iba a pasar de aquí en adelante, y el que revela los secretos te hace saber lo que va a suceder.
30. Pero en cuanto a mí, este secreto no se me revela en razón de -alguna- sabiduría que yo tenga -de- más -comparada con- algún -otro ser- viviente, sino por causa -de aquellos es- que se hará conocer la interpretación al rey, y para que puedas conocer -la razón de- los pensamientos de tu corazón.
31. + Tú, Oh rey, viste y contemplaste una gran imagen. Esta gran imagen, de excelente brillo, se erguía delante tuyo, y su forma infundía temor.
32. La cabeza de la imagen -era- de oro fino, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus muslos de bronce,
33. Sus piernas de hierro, -y- sus pies parte de hierro y parte de barro.
34. Viste hasta que una piedra que fue cortada sin -necesidad de- manos, golpeara a la imagen en sus pies de hierro y arcilla, haciéndolos añicos.
35. Entonces el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro juntos se volvieron añicos, y se hicieron como la paja de las eras de trilla en el verano, y el viento se los llevó -hasta- no encontrarse en ninguna parte, y la piedra que golpeó la imagen se volvió una gran montaña, que llenó la tierra entera.
36. + Este es el sueño, y contaremos su interpretación delante del rey:
37. Tú, Oh rey, -eres- un rey de reyes, pues el Dios del cielo te ha dado un reino, -con- poder, fuerza y gloria.
38. Y en donde sea que moren los hijos de los hombres, él ha entregado en tus manos las bestias del campo y las aves del cielo, y te ha hecho regidor de todos ellos. Tú -eres- esta cabeza de oro.
39. Y después de ti se alzará otro reino inferior a ti, y otro tercer reino de bronce, que ejercerá gobierno sobre toda la tierra.
40. Y el cuarto reino será -tan- fuerte como -el- hierro, y así como el hierro vuelve pedazos, subyuga todo, y quiebra a todos estos, también hará pedazos y magullará.
41. Y como viste los pies y dedos de los pies, -hechos- en parte de barro de alfarero, y en parte de hierro, el reino estará dividido, pero en él habrá de la fuerza del hierro, así como también viste al hierro mezclado con -la- greda fangosa.
42. Y -como- los dedos de los pies -eran- en parte de hierro, y en parte de arcilla, -también- el reino una parte será fuerte, y una parte quebradiza.
43. Y como viste al hierro mezclado con greda fangosa, ellos mismos se alearán con la simiente de los hombres, pero no se adherirán entre sí, de igual manera que el hierro no se mezcla con la arcilla.
44. Y en los días de estos reyes el Dios del cielo instaurará un reino, que nunca será destruído, y el reino no será dejado a otras gentes, -sino que- despedazará y consumirá a todos estos reinos, y para siempre permanecerá.
45. Y así como viste que la piedra fue cortada de la montaña sin -necesidad de- manos, y que hizo añicos al hierro, al bronce, a la arcilla, a la plata y al oro, también el gran Dios -le- ha hecho saber al rey lo que va a suceder de aquí en adelante, y el sueño -es- cierto, y segura su interpretación.
46. + Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro, y adoró a Daniel, y mandó que se le ofreciera una oblación con olores fragantes.
47. El rey respondió a Daniel diciéndole, De verdad que tu Dios -es- un Dios de dioses, un Señor de los reyes, y un revelador de secretos, al ver-te- a ti capaz de revelar este secreto.
48. Entonces el rey hizo -de- Daniel un gran hombre, le dio muchos grandes regalos, lo hizo regente de la provincia entera de Babilonia, y jefe de los gobernadores por encima de todos los sabios de Babilonia.
49. Daniel luego -tras- solicitarle al rey, colocó a Sadrac, Mesac y Abed-nego a cargo de los asuntos de la provincia de Babilonia, -y- Daniel más bien -permanecía- en el portón de rey.

Daniel 1

1. En el tercer año del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia hasta Jerusalén, y la sitió.
2. Y el Señor entregó Joacim rey de Judá en sus manos, con parte de las vasijas de la casa de Dios, las cuales él -se- llevó hasta la tierra de Sinar a la casa de su dios, trayéndolas hasta la casa de su tesoro.
3. + Y el rey -le- dijo a Aspenaz el maestro de los eunucos, que debía traer -a ciertos- niños de Israel, y de la simiente del rey y de los príncipes;
4. Niños sin defecto, al contrario bien favorecidos, diestros en toda sabiduría, sagaces en conocimientos, entendidos en ciencias, aquellos con habilidades para quedarse en el palacio del rey, y a quienes él les pudiera enseñar la adquisición -de la- lengua de los Caldeos.
5. Y el rey les asignó una porción diaria de su comida, y del vino que bebía, para alimentarlos -por- tres años, y cumplidos estos, ellos se pudieran quedar delante del rey.
6. Ahora pues, entre estos estaban -de- los niños de Judá, Daniel, Ananías, Misael, y Azarías,
7. A quienes el príncipe de los eunucos dio nombres, pues llamó a Daniel Beltsasar, a Ananías Sadrac, a Misael Mesac, y a Azarías, Abed-nego.
8. + Pero Daniel -se- propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que aquel bebía, por eso le rogó al príncipe de los eunucos -si- él podía no contaminarse.
9. Ahora pues, Dios había llevado a Daniel a -ganarse- el favor y el tierno amor -del- príncipe de los eunucos.
10. Y el príncipe de los eunucos -le- dijo a Daniel, Temo a mi señor el rey que señaló vuestra comida y vuestra bebida, pues ¿Por qué debe ver él vuestros rostros peor parecidos que -los de- los niños de vuestra clase? Haréis entonces peligrar mi cabeza ante el rey.
11. Entonces Daniel le dijo a Melsar, a quien el príncipe de los eunucos había puesto a cargo de Daniel, Ananías, Misael y Azarías,
12. Te ruego que pruebes a tus siervos por diez días, y dejes que nos den de comer legumbres, y de beber agua.
13. -Y- luego que nuestros semblantes sean vistos por tí, -junto con- el semblante de los niños que coman de la porción de la comida del rey, y de acuerdo a lo que veas, decide con tus siervos.
14. Y así consintió con ellos en este asunto, y los probó por diez días.
15. Y al final de los diez días sus semblantes se revelaron más hermosos y de carne más fuerte que todos los niños que comían de la porción de la comida del rey.
16. Así Melsar quitó la porción de la comida de ellos, y el vino que debían beber, y les dio -en su lugar- legumbres.
17. + En cuanto a estos cuatro niños, Dios les dió conocimiento y habilidad para todo aprendizaje y sabiduría, y Daniel tenía entendimiento de toda visión y sueño.
18. Cumplidos los días que el rey había dicho los debía traer, el príncipe de los eunucos los trajo entonces ante Nabucodonosor.
19. Y el rey charló con ellos, y entre todos ellos no se halló a nadie como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; por eso ellos se quedaron delante del rey.
20. Y en todos los asuntos de sabiduría -y- entendimiento, que el rey inquiría de ellos, los encontraba diez veces mejores que todos los magos -y- astrólogos de todo su dominio.
21. Y Daniel continuó -incluso- hasta el primer año del rey Ciro.

Apocalipsis 22

1. Y me dio a conocer un río puro de agua de vida, claro como el cristal, procediendo del trono de Dios y del Cordero.
2. En el medio de la calle de este, y a cada lado del río, -estaba- el árbol de la vida, el cual daba doce -clases de- frutos, -y- entregaba su fruto cada mes, y las hojas del árbol -eran- para la sanación de las naciones.
3. Y no habrá más maldición, sino que el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos lo servirán.
4. Y verán su rostro, y el nombre de él -estará- en sus frentes.
5. Y allí no habrá noche; y no necesitan lámpara, ni luz del sol, porque el Señor Dios les da luz, y por siempre jamás reinarán.
6. Y me dijo, Estos dichos -son- fieles y veraces, y el Señor Dios de los santos profetas envió a su ángel para dar a conocer a sus siervos las cosas que en un corto tiempo deben ser hechas.
7. Mirad que de repente vengo; bendito el que guarda los dichos de la profecía de este libro.
8. Yo Juan vi estas cosas, y -las- oí. Y cuando hube oído y visto me postré a adorar delante de los pies del ángel que me daba a conocer estas cosas.
9. ÉL entonces me dice, Mira, no -lo hagas-; porque soy siervo compañero tuyo, y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan los dichos de este libro; adora a Dios.
10. Y él me dice, No selles los dichos de la profecía de este libro, porque el tiempo está cercano.
11. El que es injusto, que aun sea injusto, y el que es inmundo, que aun sea inmundo; el que es justo, que aun sea justo, y el que es santo, que aun sea santo.
12. Y mirad que vengo de repente, y mi recompensa conmigo, para dar a cada hombre de acuerdo a como sea su obra.
13. Yo soy el Alfa y la Omega, el comienzo y el fin, el primero y el último.
14. Benditos los que practican sus mandamientos, para poder tener derecho al árbol de la vida, y poder entrar por entre los portones de la ciudad.
15. Porque afuera -están- los perros, los hechiceros, los rufianes, los asesinos, los idólatras, y quienquiera que ame y produzca mentiras.
16. Yo Jesús he enviado a mi ángel para atestiguaros estas cosas en las congregaciones. Yo soy la raíz y el retoño de David, -y- la estrella esplendorosa de la mañana.
17. Y el Espíritu y la novia dicen, Ven. El que oiga diga, Ven. Y que el que tenga sed venga. Y el que quiera tome libremente del agua de la vida.
18. Porque yo atestiguo a todo hombre que oye las palabras de la profecía de este libro, si algún hombre le añade a estas cosas, Dios le añadirá las plagas que están escritas en este libro;
19. Y si algún hombre quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, de la santa ciudad, y -de- las cosas que están escritas en este libro.
20. El que atestigua estas cosas dice, Os aseguro que vengo de repente. Amén. Así es, ven, Señor Jesús.
21. -Que- la gracia de nuestro Señor Jesucristo -esté- con vosotros todos. Amén.

Apocalipsis 21

1. Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado, y no había más mar.
2. Y yo Juan vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, bajando de Dios -y- saliendo del cielo, preparada como una novia adornada para su marido.
3. Y oí a una gran voz del cielo diciendo, Mirad el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos, -y será- su Dios.
4. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos, y no habrá más muerte, ni pena, ni llanto, tampoco habrá más dolor, porque las primeras cosas ya pasaron.
5. Y el que se sentaba en el trono dijo, Mirad que yo hago todas las cosas nuevas. Y él me dijo, Escribe, porque estas palabras son veraces y fieles.
6. Y me dijo, Se acabó. Soy el Alfa y la Omega, el comienzo y el fin. Al que tenga sed, de la fuente del agua de vida gratuitamente le daré.
7. El que venza heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
8. Pero los temerosos, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los rufianes, los hechiceros, los idólatras, y todo mentiroso tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, el cual es la muerte segunda.
9. Y vino a mí uno de los siete ángeles que tenían los siete frascos llenos de las siete plagas, y habló conmigo diciendo, Ven acá, te daré a conocer la novia, la mujer del Cordero.
10. Y me cargó en el espíritu hasta una montaña grande y alta, y me dió a conocer esa gran ciudad, la santa Jerusalén descendiendo del cielo desde Dios,
11. Teniendo la gloria de Dios, y su luz -era- como la piedra más preciosa, incluso como piedra de jaspe, clara como el cristal,
12. Y tenía un muro alto y grande, tenía doce portones, y en los portones doce ángeles, y nombres escritos en ellos, los cuales son -los nombres- de las doce tribus de los hijos de Israel:
13. Por el oriente tres portones, por el norte tres portones, por el sur tres portones, y por el occidente tres portones.
14. Y el muro de la ciudad tenía doce fundamentos, y en ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero.
15. Y el que hablaba conmigo tenía una caña de oro para medir la ciudad, sus portones y la muralla de aquella.
16. Y la ciudad yace en cuadro; su longitud es tan larga como la anchura, y midió la ciudad con la caña, doce mil estadios. La longitud, la anchura y la altura de ella son iguales.
17. Y midió el muro de ella, ciento cuarenta -y- cuatro codos, -de acuerdo a- la medida de un hombre, esto es, del ángel.
18. Y la construcción del muro de ella era -de- jaspe, y la ciudad -era de- oro puro, cual claro vidrio.
19. Y los fundamentos del muro de la ciudad -estaban- decorados con toda clase de piedras preciosas. El primer fundamento -era- jaspe, el segundo zafiro, el tercero calcedonia, el cuarto esmeralda,
20. El quinto sardonia, el sexto sardio, el séptimo crisólito, el octavo, berilo, el noveno topacio, el décimo crisoprasa, el undécimo jacinto, el duodécimo amatista.
21. Y los doce portones -eran- doce perlas, cadauno de los diferentes portones era de una perla, y la calle de la ciudad -era de- puro oro, como si fuera vidrio transparente.
22. Y no vi templo en ella, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo.
23. Y la ciudad no tenía necesidad de que el sol, ni la luna brillaran en ella, porque la gloria de Dios la alumbraba, y el Cordero -es- su lumbrera.
24. Y las naciones de aquellos que se salven andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra traen -y- entran su gloria y honor a ella.
25. Y durante el día sus portones nunca se cerrarán, porque noche allí no habrá.
26. Y ellos entrarán la gloria y el honor de las naciones a ella.
27. Y en ella no entrará nada que contamine, ni nada que produzca abominación, o mentiras, sino aquellos que estén inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Apocalipsis 20

1. Y vi a un ángel bajar del cielo, teniendo la llave del abismo sin fondo y una gran cadena en su mano.
2. Y echó mano del dragón, esa vieja serpiente, la cual es el Diablo, y Satanás, y lo ató -por- mil años,
3. Y lo arrojó al abismo sin fondo, lo encerró, y fijó un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones, hasta que los mil años se cumplieran, y después de eso debe soltarse por una pequeña temporada.
4. Y vi tronos, y -a- los que se sentaban en ellos, y les fue dado -el- juicio, y -vi- a las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, los cuales no habían adorado a la bestia, ni a su imagen, ni habían recibido -la-marca en sus frentes, o en sus manos, y vivieron y reinaron con Cristo -por- mil años.
5. Pero el resto de los muertos no vivió otra vez hasta que se cumplieron los mil años. Esta -es- la primera resurrección.
6. Bendito y santo el que haga parte de la primera resurrección. Sobre tales la segunda muerte no tiene poder, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él -por- mil años.
7. Y cuando hayan expirado los mil años, Satanás será suelto de su prisión,
8. Y saldrá a engañar a las naciones las cuales están en las cuatro regiones de la tierra, a Gog y a Magog, para reunirlos -y- aunarlos para la batalla, el número de aquellos -es- como la arena del mar.
9. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos, y la ciudad amada, y fuego bajó desde Dios -y- salió del cielo, y los devoró.
10. Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde la bestia y el falso profeta -están-, y serán atormentados de día y de noche por siempre jamás.
11. Y vi un gran trono blanco, y al que se sentaba en él, de cuyo rostro la tierra y el cielo salieron huyendo, sin encontrarles lugar.
12. Y vi a los muertos, pequeños y grandes, pararse delante de Dios, y los libros fueron abiertos; y otro libro se abrió, el cual es -el libro- de la vida, y los muertos fueron juzgados por aquellas cosas que estaban escritas en los libros, de acuerdo con sus obras.
13. Y el mar rindió los muertos que estaban en él, y la muerte y el infierno entregaron los muertos que estaban en ellos, y fueron juzgados cada hombre de acuerdo a sus obras.
14. Y la muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la segunda muerte.
15. Y quien no se encontraba inscrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego.

Apocalipsis 19

1. Y tras estas cosas oí una gran voz de mucha gente en el cielo, diciendo, Aleluya, Salvación y gloria, honor y poder para el Señor nuestro Dios,
2. Porque veraces y justos -son- sus juicios, pues ha juzgado a la gran ramera, la cual con su fornicación corrompía a la tierra, y ha vengado la sangre de sus siervos a manos de ella.
3. Y volvieron a decir, Aleluya. Y por siempre jamás se levantó su humo.
4. Y los venticuatro -hermanos- mayores junto con las cuatro bestias se postraron y adoraron a Dios que se sentaba en el trono, diciendo, Amén; Aleluya.
5. Y una voz salió del trono diciendo, alabad a nuestro Dios, todos vosotros sus siervos, y vosotros los que lo teméis, tanto grandes como pequeños.
6. Y oí como si fuera la voz de una gran multitud, como la voz de muchas aguas, y como la voz de potentes truenos, decir, Aleluya, porque el Señor Dios Omnipotente reina.
7. Alegrémonos, regocijémonos, y démosle la honra, porque el matrimonio del Cordero ha llegado, y su esposa se ha alistado.
8. Y le fue a ella concedido ataviarse con lino fino, limpio y blanco, porque el lino fino es la justicia de los santos.
9. Y me dijo, Escribe, Benditos aquellos que -son- llamados a la cena de bodas del Cordero. Y me dice, Estos son dichos veraces de Dios.
10. Y caí a sus pies para adorarlo. Y él me dijo, Mira, no -lo hagas-; yo soy tu siervo compañero y de tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús; adora a Dios, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de -la- profecía.
11. Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que se sentaba en él -se- llamaba Fiel y Veraz, y con justicia juzga y hace guerra.
12. Sus ojos -eran- como llamas de fuego, y en su cabeza -había- muchas coronas, y tenía un nombre escrito, que ningún hombre sabía, sino sólo él.
13. Y -estaba- ataviado con una vestidura sumergida en sangre, y por nombre se le llama La Palabra de Dios.
14. Y los ejércitos -que estaban- en el cielo lo seguían en caballos blancos, -y- vestidos de lino fino, limpio y blanco.
15. Y de su boca sale una espada filuda, con la que debe herir a las naciones, y las gobernará con una vara de hierro; y él pisa el lagar de la ferocidad y -de- la ira de Dios Todopoderoso.
16. Y en -su- vestidura y en su muslo un nombre escrito, REY DE REYES, Y SEÑOR DE SEÑORES.
17. Y vi a un ángel parado en el sol, y clamaba a viva voz, diciéndole a todas las aves que vuelan en medio del cielo, Venid, reuníos y juntaos para la cena del gran Dios,
18. Para que podáis comer carne de rey, de capitán, y de hombre valiente, carne de caballo, y del que en él se sienta, y carne de toda -clase de hombre, tanto- libre como esclavo, tanto pequeño como grande.
19. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra, y a sus ejércitos reunidos y aunados para hacer guerra contra el que se sentaba en el caballo, y contra su ejército.
20. Y la bestia fue atrapada, y con él el falso profeta que forjaba milagros delante de él, con los cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia, y a los que adoraban a su imagen. Ambos fueron arrojados vivos a un lago de fuego ardiendo con azufre.
21. Y el remanente fue muerto con la espada del que se sentaba en el caballo, la cual procedía de su boca, y todas las aves se saciaron de la carne de ellos.

Apocalipsis 18

1. Y después de estas cosas vi a otro ángel bajar del cielo, tenía gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria.
2. Y gritó poderosamente con una fuerte voz diciendo, Babilonia la grande ha caído, ha caído, y se ha vuelto habitación de diablos, estadía de todo espíritu sucio, y jaula de toda ave inmunda y aborrecible.
3. Porque todas las naciones han bebido del vino de la ira de su fornicación, y los reyes de la tierra han cometido fornicación con ella, los ricos mercaderes de la tierra han prosperado por la abundancia de sus manjares.
4. Y desde el cielo oí otra voz, diciendo, Sal de ella pueblo mío, para que no te hagas partícipe de sus pecados, ni sus plagas recibas.
5. Porque sus pecados han alcanzado al cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades.
6. Pagadle así como os pagó, y duplicadle, -dadle el- doble de acuerdo a sus obras; la copa que ha llenado llenádsela el doble.
7. Cuanto igual se haya glorificado y ha vivido deliciosamente, tanto igual tormento y pena dadle, ya que dice en su corazón, -Como- reina me siento, no estoy viuda, y no veré pena.
8. Por tanto vendrán sus plagas en un día, muerte, lamentos, y hambruna; y con fuego será totalmente consumida, pues fuerte -es- el Señor Dios quien la juzga.
9. Y los reyes de la tierra, que han cometido fornicación y vivido deliciosamente con ella, la llorarán y la lamentarán, al ver el humo de su consumación,
10. Permaneciendo lejos por temor a su tormento, diciendo, ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad de Babilonia, esa magnífica ciudad! Porque en una hora ha llegado tu juicio.
11. Y los mercaderes de la tierra llorarán y lamentarán por ella, pues ningún hombre compra sus mercancías ya más,
12. Mercancías de oro y plata, -de- piedras preciosas, y de perlas, -de- lino fino y púrpura, de seda y escalata, -de- toda madera fragante, y -de- toda clase de vasijas de marfil, y -de- toda clase de vasijas de madera finísima, de bronce, hierro, y mármol,
13. Canela, perfumes y ungüentos, incienso, vino y aceite, harina fina y trigo, bestias, ovejas, caballos, carruajes, esclavos, y almas de hombres.
14. Y los frutos que tu alma ambicionaba se han apartado de tí, todas las cosas ricas y buenas de ti se te han alejado, y ya no más las encontrarás.
15. Los comerciantes de estas cosas, los cuales por ella se hicieron ricos, se pararán lejos por temor a su tormento, llorando y lamentando,
16. Y diciendo, ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y escarlata, y arreglada con oro, piedras preciosas y perlas!
17. Porque en una hora tan grandes riquezas han llegado a la nada. Y todo capitán de navío, y toda la compañía de barcos, -de- navegantes, y de cuantos comercian por mar, permanecían lejos,
18. Y gritaban al ver el humo de su consumación, diciendo, ¡Qué -otra- como esta gran ciudad!
19. Y echaban polvo sobre sus cabezas, y gritaban sollozando, lamentando, y diciendo, ¡Ayy, ayy de aquella gran ciudad, donde se hicieron ricos todos los que tenían naves en el mar por razón de sus altos precios! Pues en una hora la han dejado desolada.
20. Regocíjate sobre ella, -tú- cielo, y -vosotros- santos apóstoles y profetas, pues Dios sos ha vengado de ella.
21. Y un poderoso ángel tomó una piedra como una gran piedra de molino, y -la- arrojóal mar, diciendo, Así con violencia será derribada Babilonia esa gran ciudad, y nunca más se encontrará.
22. Y el sonido de arpistas y músicos, de flautistas, y trompetistas, nunca más en tí se oirá; y ningún artesano del arte que sea en tí más se hallará, y el sonido de la piedra de molino nunca más en ti se oirá.
23. Y la luz de la lámpara nunca más en tí brillará, y la voz del novio y de la novia nunca más en ti se oirá, porque tus mercaderes eran los grandes hombres de la tierra, ya que por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones.
24. Y en ella se halló la sangre de los profetas, de los santos, y de todos los que fueron muertos sobra la tierra.

Apocalipsis 17

1. Y llegó uno de los siete ángeles que tenían los siete frascos, y habló conmigo diciéndome, Ven acá; te daré a conocer el juicio de la gran ramera que se sienta sobre muchas aguas,
2. Con quien los reyes de la tierra han cometido fornicación, y los habitantes de ella se han embriagado con el vino de su fornicación.
3. Él entonces me cargó en el espíritu hasta el yermo, y vi una mujer sentada sobre una bestia de color escarlata, atestada de nombres de blasfemias, que tenía siete cabezas y diez cuernos.
4. Y la mujer estaba ataviada de color púrpura y escarlata, y arreglada con oro, perlas y piedras preciosas, teniendo una copa de oro en su mano, llena de -las- abominaciones e inmundicias de su fornicación,
5. Y en su frente un nombre escrito, EL MISTERIO DE BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
6. Y vi a la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús, y cuando la vi me maravillé con gran admiración.
7. Y el ángel me dijo, ¿Por qué te maravillaste? Te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la carga, la cual tiene las siete cabezas y diez cuernos.
8. La bestia que viste fue, no es, ascenderá del abismo sin fondo, y va a la perdición, y los que moran en la tierra se maravillarán, cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, cuando contemplen a la bestia que fue, -que- no es, y sin embargo es.
9. Y aquí -se verá- la mente que tiene sabiduría: Las siete cabezas son siete montañas, sobre las cuales se sienta la mujer.
10. Y hay siete reyes, cinco han caído, uno es, -y- el otro aún no ha llegado, y cuando llegue, debe continuar por un corto espacio -de tiempo-.
11. Y la bestia que era, y no es, aún es la octava, y es de las siete, y va a la perdición.
12. Y los diez cuernos que viste son diez reyes, los cuales aún no han recibido el reino, pero recibirán poder como reyes una hora con la bestia.
13. Estos tienen un propósito, y -le- darán su poder y -su- fuerza a la bestia.
14. Estos harán guerra con el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores, y Rey de reyes, y los que están con él -son- llamados, escogidos, y fieles.
15. Y me dijo, Las aguas que viste, donde la ramera se sienta, son gentes, multitudes, naciones y lenguas.
16. Y los diez cuernos que viste sobre la bestia, estos odiarán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, comerán su carne, y con fuego la quemarán.
17. Porque Dios ha puesto en sus corazones el cumplir la voluntad de él, el estar de acuerdo y dar su reino a la bestia, hasta que la palabras de Dios se cumplan.
18. Y la mujer que viste es esa gran ciudad, que reina sobre los reyes de la tierra.